
Dos ediciones. Una historia real.
Tarifa News: una historia que empezó como agradecimiento y ahora define lo que somos
Había tiendas que apostaban por nuestras prendas y las llevaban más allá de Tarifa, haciendo que la marca creciera en lugares donde nunca habíamos imaginado estar.
Y había personas que simplemente confiaban, compraban, repetían… y entendían lo que había detrás. Queríamos integrarlos a todos dentro del universo Made in Tarifa. Para dejar constancia de que este crecimiento tenía nombres, caras e historias reales detrás.

Una maqueta viva, maquetada manualmente, que no sabía si tendría continuidad.
Y precisamente por eso, auténtica.
No porque tenga más páginas, sino porque tiene más intención.
Hemos abierto la puerta a colaboraciones y publirreportajes… pero con un criterio claro: sumar sin romper la esencia.
Era hacerlo mejor.
Hoy, Tarifa News ya no es un experimento. Es un archivo vivo de lo que está pasando en Tarifa. Y, sin buscarlo, también se ha convertido en algo más: Una pieza de colección. Tarifa News Vol. 2 existe. Un Vol. 3… ya veremos.
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He disfrutado de estancias breves e intensas en Tarifa durante las tres últimas décadas, y de todas ellas conservo recuerdos y sentimientos de aventura, gratitud y felicidad. Estos recuerdos y sentimientos son el hilo conductor que unen mi primera visita, a mediados de los años 90, con la última, el día 31 de diciembre de 2025. La ciudad sin duda ha cambiado, no así su esencia, en mi opinión, manteniendo su entrañable aspecto urbano y el espíritu acogedor de su gente.
A mediados de los años 90 llegué a Tarifa desde San Pedro de Alcántara (Málaga), como integrante de una comitiva integrada por dos matrimonios jóvenes a cargo de sus cuatro hijos, por aquel entonces, unos críos. Nos embelesó la carretera de llegada a Tarifa, con sus campings y sus comercios dedicados al mundo de la navegación a vela, con la vista de las playas iluminadas por un brillante sol y azotadas por oleadas de viento que, con fuerza, levantaba granos de arena y cimbreaba sombrillas en las playas e hinchaba velas y cometas de embarcaciones en la mar.
Aquella visita fue de playa, chiringuito, sobremesas y copas entre matrimonios, mientras jugaban nuestros hijos en el extremo sur de España. Y de allí nos tuvimos que volver a Málaga y después a Madrid, con los corazones renovados y con nuevos imanes para decorar nuestras neveras.
A mediados de la primera década de nuestro siglo regresamos a Tarifa, procedentes también de la provincia de Málaga. Mismos matrimonios, más maduros, y mismos hijos, más traviesos si cabe, nos presentamos en la ciudad para almorzar y disfrutar juntos de una jornada de sol y playa, aunque mi mente y mi espíritu estaban centrados en la contemplación en solitario de la mar y en dar rienda suelta a un irrefrenable deseo de navegar, arte que aprendí practicando vela ligera durante unos años de mi vida familiar en Gran Canaria. Mi mente y mi corazón se zambulleron en ese paisaje de cielo y agua azul, roto únicamente por los velámenes blancos de las embarcaciones. Incluso alquilé una tabla de windsurf, pero el copioso almuerzo y la media copa de más redujeron aquella experiencia a un recuerdo humorístico, peor aún, burlesco. Tras esta experiencia, ya de vuelta desde la playa a la ciudad, volví a sentir la ciudad de Tarifa tal y como me pareció la primera vez: un lugar privilegiado lleno de luz, de mar, de puerto, de tradición, de cultura, de gastronomía, de vida, comercio.
Mi pobre experiencia de windurf en Tarifa me inculcó, sin embargo, una nueva perspectiva de mi propia autonomía personal y me brindó la oportunidad de percibir la ciudad con otra mirada distinta, con la mirada de la madurez: mientras que a mediados de los años 90 puse mi interés en la playa, en los chiringuitos, en la comilona, en la sobremesa y, de paso, en los hijos (por entonces unos niños), ahora percibía Tarifa como una ciudad hecha a sí misma, muy alejada de ese Madrid en el que todo se decide todo se reparte, a escasas millas de África y con una población cosmopolita, joven, alegre, amable y con detalles bohemios únicos en la España. Ya no tenía que poner mi atención en los parques de juegos infantiles sino en las tiendas de artículos para windsurf, deporte que seguí practicando durante algunos años (cada vez con mejor suerte) en aguas interiores de la mitad norte peninsular.
Las circunstancias de la vida hicieron que simultanease la pasión por la navegación con un nuevo amor, en concreto el motociclismo y los viajes en moto especialmente en solitario. Y en este contexto, el 31 de diciembre de 2925, viajé por tercera vez Tarifa, en esta ocasión desde Arcos de la Frontera (Cádiz). Lejos ya de aquellos años de padre novato y de “windsurfero” a pequeña escala, en 2025 me había recorrido buena parte del territorio español, desde el Cabo de Estaca de Bares, en el extremo norte de España, en verano, hasta Tarifa, en el extremo sur de la España peninsular, en invierno. Llegué a Tarifa bajo una lluvia constante, pero en mi interior tenía la convicción de que en Tarifa encontraría el camino que un amigo mío me había indicado para que encontrase la paz, con este consejo suyo: “no corras, ve despacio, que adonde tienes que ir es a ti mismo”. Y así fue, ese 31 de diciembre descubrí otros rasgos de Tarifa: su paz, su fuerte personalidad, sus rincones monumentales, su entramado andaluz y español. Y fue allí, en la playa de Tarifa, enfundado en mi traje motero y con las botas pisando la playa, en presencia de un motero solitario noruego, donde tomé las 12 uvas siguiendo 12 campanadas imaginarias que horas después sonaron de verdad en toda España dando la bienvenida al año 2026. Y en ese momento de tomar las uvas, sin olvidarme de mi familia, me sentí en profunda paz conmigo mismo, en perfecta armonía con el viaje que estaba realizando, como un tarifeño más.
Cuando llegó la hora de regresar de Tarifa hacia Madrid, visité la tienda “Made In Tarifa” y compré una pegatina “Made in Tarifa” que pegué en un lugar muy destacado de una de las maletas de mi moto, no sólo por su diseño y color, magníficos, sino por tener muy a la vista el recuerdo de un lugar y de una jornada maravillosas. Y, así, el nombre de Tarifa y de “Made In Tarifa” recorrió muchos kilómetros y muchos otros lugares de nuestro país.
Tarifa ha cambiado, al igual que también ha cambiado mi manera de recordar, percibir y vivir esa ciudad y su entorno. Creo que Tarifa News contribuirá a poner de manifiesto tanto los cambios habidos en la ciudad como los retos y necesidades que irán surgiendo de hoy en adelante. La creación y puesta en marcha de esta publicación me parece una estupenda iniciativa para que los tarifeños y tarifeñas se conozcan mejor, y para que los que vivimos fuera estemos más conectados con los acontecimientos, proyectos e inquietudes de sus habitantes. Tarifa tendrá que avanzar y avanzará, pero, en mi opinión, ha de conservar su esencia como lugar del mundo al que no se llega corriendo, sino yendo despacio, porque sólo en lugares como Tarifa puedes ser consciente de que, entre tantas prisas, en realidad cada cual debe ir hacia sí mismo, hacia la gente que quiere y que le quiere. Y esta cualidad, para mí, ojalá siga caracterizando el ritmo de la ciudad junto con la calidez de sus habitantes, lo pintoresco de sus visitantes y lo turístico de sus calles, monumentos y paisajes naturales.
«¡Qué gran relato, Álvaro! Historias como la tuya demuestran que Tarifa no es solo un destino de vacaciones, sino un estilo de vida. En Made in Tarifa nos esforzamos cada día para que nuestra marca de ropa independiente refleje esa misma autenticidad, nostalgia de los 90 y pasión por el mar, el viento y la libertad que tan bien describes.
Es un orgullo saber que nos elegiste para llevarte un pedacito de este rincón de Cádiz en tu maleta y que compartes nuestra visión de un turismo que cuida y respeta la esencia local. Gracias por este comentario tan inspirador. ¡Nos vemos pronto entre playas, olas y buena vibra!»